Dejando a un lado florituras, circunloquios y otras dilaciones, pasemos sin más a la lista de ingredientes:
- Un cumpleaños, a ser posible que coincida con alguna cifra redonda, tal como una decena o un múltiplo de siete, ya que con razón o sin ella esos cumpleaños son los más celebrados.
- Buena compañía (la mejor posible!)
- Una mesa de Tepanyaki en un lindo restaurante londinense
- Cinco (cinco!!) bolas enormes del mejor helado de vainilla, una generosa ración de frutas variadas y media naranja
- Un chef japonés que resultó no ser japonés (ya me parecía a mí demasiado dicharachero...)
La preparación es laboriosa, ya que comienza desde la expectación creada con motivo del cumpleaños. Una vez localizado el restaurante, reservada la mesa y presentados puntualmente a la cita, es menester consumir deliciosos alimentos orientales y exóticas bebidas euforizantes (qué rico el sake caliente, por cierto... ¡y qué peligroso!) como prolegómeno, amén de veinte minutos de espera adicional rumiando edamames para que el cocinero esté disponible. A partir de ese momento el cocinero comienza a hacer distintos malabares sobre la plancha caliente difíciles de recordar (sin duda a consecuencia de las exóticas bebidas euforizantes) con las bolas de helado, las frutas y la media naranja. El resultado es un delicioso postre que degustar a medias con su media naranja (la indicada en el segundo punto de la lista de ingredientes, no la del cuarto punto). Después de terminar las frutas, el helado helado y el helado que se transformó en salsa, se encuentra un gran placer en compartir la media naranja con la media naranja. (La coincidencia de nombre entre la media naranja y la media naranja dificulta la explicación. Vale la pena aclarar que el falso chef japonés no puso sus manos o sus espátulas sobre mi media naranja, y que yo no compartí velada con un cítrico, sino con mi futura esposa)
Las fotos de tan magno evento estarán disponibles próximamente en este mismo blog.
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